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LA HISTORIA DE YAMUNACARYA

En el sur de la India han aparecido muchos grandes devotos para esparcir las glorias del Señor Supremo, uno de estos fue Sri Yamunacarya, conocido también como Alabandar “El conquistador”. Es apropiado considerar la vida y obra de Yamunacarya, el ilustre escritor del famoso Stotra Ratñam.

Yamunacarya nació alrededor del año 918 después de Cristo en la ciudad de Madurai en el sur de India, la cual fue en ese entonces la capital de los poderosos reyes Pandya. Su abuelo fue un bien conocido erudito y devoto llamado Nathamuni, quien también fue famoso por sus habilidades y pericia místicas en la práctica de Astanga yoga y la meditación en Visnu.

Yamunacharya | Gaudiya History

El hijo de Nathamuni, fue un apuesto e inteligente joven llamado Isvaramuni, quien se casó con una hermosa joven. Poco después de la boda, Isvaramuni viajó con su esposa y padres para visitar los sagrados lugares de peregrinaje en el noreste de la India, incluyendo Vrindaban, el lugar de nacimiento del señor Krsna. Justo unos pocos meses después de haber regresado de su peregrinaje, la esposa de Isvaramuni dio a luz a un bebe, y por su travesía a Vrindaban, Nathamuni, su abuelo, lo llamó Yamuna.

Sin embargo, el júbilo de la joven pareja duró poco tiempo, porque justo unos pocos años después del nacimiento del niño; su padre Isvaramuni pasó a mejor vida, dejando a su joven esposa, viuda.

Nathamuni estaba tan acongojado por la muerte de su hijo que decidió que no tenía nada más que hacer con los asuntos de este mundo. Él dejó a su esposa y parientes para llevar la vida de un Sannyasi renunciado, dedicado totalmente a la adoración del señor Vishnu. Así, a una edad temprana, Yamuna fue criado por su madre y abuela, para vivir una vida de extrema pobreza.

Cuando tenía cinco años de edad, Yamuna se fue a estudiar a la escuela de Sri Bhasyacarya y rápidamente se ganó el afecto del profesor, tanto por su naturaleza dulce como por su habilidad para aprender rápidamente. Él estudió duro y a los doce años de edad llegó a ser el mejor estudiante de Bhasyacarya.

En esos días, en India, grandes eruditos solían desafiarse el uno al otro, para ver quién era el más erudito en las escrituras védicas y el más práctico en la ciencia de la lógica. Mientras Yamuna estaba estudiando en la escuela de Bhasyacarya, había un gran erudito que vivía en la corte del rey Pandya. Su nombre fue Kolahala, el favorito del rey, debido a que podía derrocar a cualquier otro erudito en un debate. De hecho, el rey había decretado una ley donde cada erudito que había sido derrotado por Kolahala debía pagarle un impuesto cada año. Si cualquiera se rehusaba, sería condenado a muerte.

Ahora bien, el profesor de Yamuna, Bhasyacarya, también había sido derrotado por Kolahala, así que estaba obligado a pagar este impuesto. Sin embargo, debido a que era un hombre muy pobre, no había sido capaz de pagar el impuesto los dos años anteriores. Un día cuando Bhasyacarya terminó su turno y todos los demás estudiantes se habían ido a su casa, Yamuna se quedó solo en la escuela. En ese momento uno de los discípulos de Kolahala llegó ahí para cobrar el impuesto atrasado que debía Bhasyacarya.

“¿Dónde está tu profesor?” preguntó en un tono imperativo, cuando vio que Yamuna estaba solo en la escuela.

“¿Podría saber, señor, quien te ha enviado aquí?” replicó Yamuna con una voz gentil, ansioso de no causar ninguna ofensa.

“¡Que!” Exclamó el discípulo “¿No sabes que soy discípulo del más grande y el más erudito de toda la India? Kolahala es el terror de todos los demás eruditos, e incluso el gran rey Pandya es su sirviente obediente. Todos los eruditos derrotados por el gran Kolahala deben pagar un impuesto anual o si no perderán sus vidas. ¿Se ha enloquecido tu profesor al rehusarse pagar por dos años?, o es que él intenta desafiar a mi maestro nuevamente, justo como una polilla se precipita en el fuego llameante”.

Por naturaleza, Yamuna era dulce de corazón y difícilmente reñía con sus compañeros de escuela. Sin embargo, él también tenía gran amor y respeto por su profesor. Por lo tanto, cuando escuchó que se estaba hablando de Bhasyacarya de una manera despreciable, sintió tanto dolor en el corazón que no pudo reprimirse y replicó muy fuertemente al mensajero de Kolahala: “Cuán tonto eres y cuán tonto es también tu profesor, porque quién más, sino el tonto más grande, entrenaría a su discípulo para que posea tan grande orgullo, en lugar de remover tales defectos de su corazón. ¿Por qué debe mi noble maestro desperdiciar su tiempo debatiendo con tal hombre? Ve y dile a tu maestro que el discípulo más caído del gran Bhasyacarya lo desafía a un debate. Si se niega a encarar, déjalo que envíe su respuesta de inmediato”.

PREPARACIONES PARA EL DEBATE

El discípulo de Kolahala estaba tan atónito e indignado que no sabía qué decir, sino que se fue furioso a informar a su maestro sobre este insulto. Cuando Kolahala escuchó lo que había sucedido no pudo sino reírse, al enterarse de la edad de su rival. El rey Pandya decidió enviar a otro mensajero donde el muchacho, para ver si estaba loco, o si era serio acerca del debate y llevarlo de inmediato al palacio.

Cuando el mensajero real llegó, le dijo a Yamuna la orden del rey. El muchacho dijo astutamente, “ciertamente obedeceré la orden de su majestad el rey, y como estoy apto para ser un oponente apropiado del gran Kolahala, entonces, seguramente me debe ser enviado un vehículo para que me lleve al palacio”.

Después de discutir la respuesta de Yamuna, el rey y sus cortesanos estuvieron de acuerdo que la declaración del muchacho era apropiada y enviaron un costoso palanquín y cientos de soldados para que lo condujeran al palacio. Mientras tanto, las noticias de estos eventos se habían esparcido por toda la ciudad de Madurai. El maestro Bhasyacarya también escuchó toda la historia cuando estaba de regreso a su hogar, se sintió infeliz al saber del peligro que su estudiante favorito estaba encarando, porque, aunque el rey, generoso por naturaleza; también era conocido por tratar muy severamente a cualquiera que insultara al pandita de la corte.

Sin embargo, Yamuna no estaba en lo más mínimo preocupado. “No hay razón, señor, para que te alarmes”, consoló a su maestro cuando regresó a la escuela, “porque puedes estar seguro que, por tu gracia, aplastaré el orgullo de Kolahala”. Mientras ellos estaban hablando así, los hombres del rey arribaron a la escuela con el palanquín, Yamuna adoro los pies de su guru y calmadamente se subió al palanquín preparándose para el gran debate que estaba a punto de comenzar. Un gran gentío se había reunido a lo largo del camino, porque era inaudito que un niño de doce años de edad desafiara al pandita de la corte y todo el mundo quería mirar al maravilloso niño. Algunos brahmanas, quienes ya habían sido derrotados por Kolahala, le ofrecieron bendiciones, “será, tal como Vishnu en la forma de un brahmana enano, removió a Bali Maharaja, el rey de los asuras”.

Mientras tanto, en la corte real, surgió una diferencia de opinión entre el rey y la reina acerca de Yamuna. El rey dijo “justo como un gato juega con un ratón, asimismo, Kolahala derrotará y destruirá al muchacho”.

Pero la reina estaba más pensativa, entendiendo que Yamuna no era ningún niño ordinario. “Justo como una pequeña chispa puede reducir una montaña de ropa a cenizas, asimismo, este muchacho, destruirá la montaña de orgullo de Kolahala”.

“Como puedes creer que esto sea realmente posible!” exclamó el rey asombrado. “si verdaderamente tienes fe en el muchacho, entonces debes hacer una apuesta para que regreses tus palabras”.

“Muy bien!” replicó la reina, “haré una apuesta, si el muchacho no derrota y humilla el orgullo de Kolahala, me volveré la sirvienta de tu sirvienta”.

“Ciertamente esta es una apuesta potente”, dijo el rey “pero la jugaré, si el muchacho derrota a Kolahala, como tú dices, entonces le daré la mitad de mi reino”.

Mientras el rey y la reina estaban así, intercambiando apuestas, el palanquín arribó y Yamuna entró al palacio. Cuando Kolahala lo vio, miró a la reina y sonrió sarcásticamente “alabandar” dijo él, significa “¿es este el muchacho que me conquistará?”. “Si” replicó la reina enfáticamente, “alabandar”. Este es el que ha venido para conquistarte.

TRES PROPOSICIONES

Cuando los contendientes estaban sentados, Kolahala empezó el debate haciendo preguntas simples sobre la gramática sánscrita a Yamuna. Sin embargo, cuando vio que el muchacho podía responderlas con facilidad, empezó a plantear problemas gramaticales realmente difíciles; pero, aun así, Yamuna los contestó todos sin dificultad.

Entonces, le habló al gran pandita con una sonrisa juguetona entre sus labios, “Debido a que soy sólo un muchacho, estas insultándome al hacerme estas preguntas tan simples. Recuerda que Astavakra no era mejor que yo cuando derrotó a Bandi en la corte del rey Janaka. Si juzgas la comprensión de una persona por su tamaño, entonces, seguramente que el búfalo de agua, será un erudito más grande que tú”.

Aunque Kolahala se sobresaltó al oír estas palabras, controló su ira y replicó sonrientemente, “bien respondido, ahora es tu turno para que me hagas preguntas”.

“Muy bien” respondió Yamuna, “te haré tres proposiciones, y si puedes refutarlas aceptaré la derrota” Kolahala estuvo de acuerdo y se preparó para refutar las declaraciones de Yamuna. “Mi primera proposición es esta” Yamuna habló clara y audazmente, “Que tu madre no es una mujer estéril, refuta esta si puedes”.

Al escuchar esto, Kolahala permaneció silencioso “si mi madre hubiera sido estéril mi nacimiento no habría sido posible” pensó él, “cómo puedo refutar esta declaración”. Al ver a Kolahala tan silencioso como un mudo, todos los cortesanos estuvieron atónitos. Aunque el gran pandita trató de conciliar su ansiedad, no pudo impedir que sus mejillas estuvieran sonrojadas.

Yamuna, habló de nuevo, “Señor, si a pesar de toda tu inteligencia conquistadora eres incapaz de refutar mi primera proposición, entonces por favor escucha mi segunda. Es esta, que el Rey es supremamente correcto. Refuta esta si puedes”. Al escuchar esto, Kolahala estaba profundamente turbado, percibiendo su inminente derrota. ¿Con el rey sentado ahí frente a él, como podía refutar la declaración del muchacho? De nuevo, él permaneció silencioso, el color sonrojado drena de su cara y a duras penas se sentía capaz de controlar su ira.

Yamuna, habló nuevamente, “aquí está mi tercera proposición, que la reina del rey pandya es tan casta y fiel a su esposo como lo fue Savitrí. Refuta esta si puedes”.

Viendo cómo había sido atrapado de nuevo por el inteligente muchacho, Kolahala ya no pudo disimular su ira. “tú, pícaro”, gritó, “¿cómo puede cualquier súbdito leal decir que su rey es injusto o su reina infiel a su esposo? Es verdad que no he respondido a tus declaraciones, pero eso no significa que estoy derrotado. Primero tú debes refutar tus propias proposiciones y si no puedes, debes ser matado por que las implicaciones de tus palabras son traición contra tu rey y reina”.

Cuando Kolahala vociferó estas palabras, todos sus discípulos y partidarios aplaudieron; pero todos los que favorecían a Yamuna, replicaron “No, Kolahala está derrotado. Él simplemente está lleno de ira, debido a que no pudo refutar las declaraciones de Yamuna, como prometió hacerlo”.

Una discusión estalló en el palacio, pero en medio del barullo, Yamuna los calló a todos diciendo, “Por favor, detengan este altercado, porque es innecesario. Refutaré todas mis proposiciones una por una. Por favor escúchenme”. De inmediato todo el mundo fue silenciado y tornó su atención hacia Yamuna, maravillándose, de cómo podría hacer esto y aun así no ofender al rey y la reina.

“Mi primera declaración” continuó él, “fue que la madre de nuestro gran pandita no era una mujer estéril. Sin embargo, se declara en el Manu Samhita que una mujer que solamente tiene un niño, se considera estéril. Segunda, yo declaré que el rey de los pandyas es el hombre más correcto. Sin embargo, el Manu Samhita declara que un rey disfruta del beneficio de una sexta parte de los actos religiosos de sus súbditos, pero también tiene que soportar el peso de una sexta parte de sus hechos pecaminosos, y debido a que en la presente era de Kali los hombres están más inclinados hacia lo pecaminoso que hacía lo piadoso, debe de saberse que nuestro rey, aunque sin tacha en su propio carácter, está soportando el peso de lo incorrecto. Y ahora mi tercera proposición, la cual declara que nuestra reina es tan casta y fiel como fue Savitrí. Pero de nuevo, si consultamos las leyes del Manu Samhita, se dice que el rey es el representante de los semidioses Agni, Vayu, Surya, Candra, Yama, Kuvera, Varuna e Indra. Por lo tanto, la reina no sólo se casó con un hombre, sino con estos 8 semidioses también. ¿Así que, cómo puede decirse que ella sea casta?” Al escuchar estas maravillosas respuestas, todas las personas estuvieron llenas de asombro, y la reina lloró jubilosamente, ¡alabandar! ¡alabandar! ¡él ha conquistado! ¡él ha conquistado!”.

De inmediato, el rey fue y abrazó a Yamuna, “justo como cuando sale el sol”, dijo él, “todas las insignificantes estrellas desaparecen, así mismo tú ¡oh erudito alabandar!, has conquistado al orgulloso Kolahala por medio de tu erudición y práctica. Hace poco este mozo estaba demandando tu muerte, ahora puedes tratar con él, como lo veas apropiado. También prometí darte la mitad de mi reino como premio por tu victoria y esa promesa ciertamente se cumplirá”.

Por su puesto, Yamuna perdonó a Kolahala y, aunque era solo un muchacho de doce años, empezó de inmediato a gobernar el reino que había ganado. Así fue como sus días de pobreza se terminaron.

YAMUNACARYA COMO UN REY

Cuando Yamuna, ahora, Yamunacarya, se volvió el gobernador de la mitad del reino de los Pandyas, algunos de los reyes vecinos vieron esto como una buena oportunidad para invadir y robar sus tierras. Pero Yamunacarya, al enterarse de esto por sus espías, emprendió una marcha en contra de ellos con un gran ejército, antes de que estuvieran preparados; y todos ellos fueron forzados a rendirse ante él.

De esta manera, él aumentó su dominio y empezó a gobernar el reino. Desafortunadamente, aunque él era un monarca despierto y correcto, se distrajo de su comprensión espiritual, debido a los tratos políticos y placeres sensuales que involucran el tener una alta posición. Él se olvidó que esta vida, es un estado temporal en nuestra existencia eterna y gradualmente renunció a sus actos de devoción al señor Visnu.

EL PLAN DE RAMA MISRA

Entretanto, Nathamuni, su abuelo, había dejado este mundo, para regresar a los pies de loto del Señor. Él siempre había querido a Yamunacarya muchísimo, y estuvo lleno de dolor, al escuchar cómo su nieto, había abandonado el sendero de la iluminación por dedicarse al disfrute de los placeres sensuales. Por esa razón, cuando estuvo en su lecho de muerte, llamó a su principal discípulo, Rama Misra, y le pidió una última solicitud: “Mi querido nieto, Yamunacarya, quien es conocido como Alabandar, ha olvidado la grandeza y la gloria del señor Visnu, está atraído por los placeres temporales de este mundo material. Ahora estoy preparándome para dejar mi cuerpo y no puedo hacer nada para liberar a mi nieto. Por lo tanto, te pido que lo salves de la oscuridad de la nesciencia en la cual está ahora sumergido. Te lo dejo para que lo cuides”

Rama Misra, siendo un discípulo diligente, nunca olvidó la última instrucción de su gurumaharaj. Habiendo pasado varios años, cuando Yamunacarya tenía 35 años de edad, fue a su palacio en busca de una entrevista, sin embargo, cuando arribó allí, vio que la puerta de entrada al palacio estaba llena de carrozas y soldados de diferentes reyes. Incluso los hombres nobles y poderosos tenían que esperar por un largo tiempo antes de que tuvieran la oportunidad de tener una audiencia con el poderoso Alabandar. Como un pobre sannyasi mendicante, Rama Misra entendió que había pocas posibilidades de siquiera poder ver a Yamunacarya, y que tendría que pensar en un plan por medio del cual llevar a cabo su misión.

Como Rama Misra era un gran devoto y predicador, así mismo, también era un erudito en la ciencia del ayurveda. Hay un cierto tipo de espinaca, conocida como tuduvalai, que crece en el sur de la India. Esta tuduvalai, es famosa, por desarrollar las cualidades de bondad en un hombre, haciendo su mente pacífica y serena. Rama Misra encontró algunas de estas plantas que crecían cerca del palacio. Recolectando las hojas verdes, las llevó donde estaba el cocinero principal de la cocina real.

Cuando el cocinero vino a verlo, Rama Misra se dirigió a él como sigue: “Que el señor Narayana te bendiga. Te ruego que por favor le sirvas estas hojas de tuduvalai, al rey, todos los días; porque es bien conocido que él es un hombre piadoso, y por comer esta especie, él será capaz de desarrollar sus cualidades de bondad y también incrementar la duración de su vida. Todos los días te traeré algunas más”. Sucedió que el cocinero era un hombre piadoso que conocía el valor de la planta tuduvalai y felizmente estuvo de acuerdo con la propuesta de Rama Misra.

Así pues, todos los días, por dos meses consecutivos, Rama Misra llevaba las hojas verdes de la planta tuduvalai, al cocinero real, y todos los días se las servía a Yamunacarya, quien las apreció muchísimo. Cuando Rama Misra escuchó esto, deliberadamente se desapareció un día; cuando el rey encontró que la preparación de tuduvalai estaba ausente de su plato, llamó al cocinero, “¿por qué no has cocinado esa preparación de espinaca para mí, hoy?” preguntó.

 “Su majestad” replicó el cocinero, “el sadhu que usualmente traía la espinaca, no vino hoy”

“¿Quién es este sadhu y cuál es el precio que él pide por su servicio? preguntó Yamunacarya.

“Mi señor” dijo el cocinero, “Yo no sé el nombre del sadhu, ni dónde reside, él no aceptará ningún pago por su servicio, ya que lo hizo solamente debido al amor y estima por su majestad”.

Al escuchar esto, Alabandar ordenó al cocinero “Si este hombre viene de nuevo, muéstrale el debido respeto y tráemelo”.

Al siguiente día, Rama Misra llevó de nuevo hojas de tuduvalai al cocinero, y este de inmediato, lo llevó donde Yamunacarya. Al ver a este piadoso brahmana delante suyo, el rey estuvo complacido y dijo, “Santo sabio, yo soy tu sirviente, por favor acepta mis reverencias a tus pies”, prosiguió, “He escuchado que todos los días reúnes y traes tuduvalai para mí, y que no aceptarás ningún pago por este servicio. ¿Hay algo que pueda hacer por ti?”

 Al oír esto, Rama Misra dijo “tengo algo muy importante que decirte, pero debe ser en privado” Cuando al cocinero se le dio la orden de irse, prosiguió, “algunos años atrás, tu abuelo, el renombrado Nathamuni, dejó este mundo y regresó a Vaikunta. Sin embargo, antes de partir, él dejó a mi cuidado, un gran tesoro, para que te lo diera en el momento apropiado. Ahora estoy pidiendo que aceptes este tesoro”.

Yamunacarya estuvo muy complacido al escuchar estas palabras, porque en ese momento, él estaba preparando una campaña contra un rey rebelde y estaba necesitado de dinero. Sabiendo lo maravilloso que había sido su abuelo, de inmediato creyó en las palabras del sadhu. Con gran deleite le dijo a Rama Misra “Señor, ciertamente estoy ante una persona muy santa, eres tan renunciado que no has guardado ese tesoro para ti mismo. Ahora, por favor, dime dónde lo puedo encontrar”.

Rama Misra respondió “si me sigues, te llevaré allí, el tesoro está guardado detrás de siete paredes, entre dos ríos, es custodiado por una gran serpiente, y cada 12 años, un demonio del sur viene a inspeccionar; el tesoro está guardado por un mantra, a través del poder del mantra este se te revelará”.

De hecho, el tesoro que Rama Misra estaba describiendo era la belleza del señor Ranganatha, la deidad que reside dentro de un templo de siete paredes, en una isla del río Kaveri. La serpiente es la base de Ananta Sesa, en donde se encuentra reclinado el Señor. Se dice que esta deidad, primero fue instalada por Vibhisana, el hermano de Ravana, y que cada 12 años, él va a Rangaksetra para adorar al Señor. El poderoso mantra, es el santo nombre del Señor, porque por medio de cantar el santo nombre, uno es capaz de obtener la visión trascendental por la cual uno puede apreciar que la deidad no es diferente del Señor.

LA CONVERSION DE YAMUNACARYA

Sin embargo, Alabandar no podía entender el verdadero significado de las palabras de Rama Misra, y, estando ansioso de adquirir el tesoro, dijo, “estoy listo para ir allá de inmediato junto con cuatro divisiones de mi ejército, por favor sé mi guía”.

“Es mejor si vamos solos”, contestó Rama Misra, “porque no es aconsejable que mucha gente se reúna allí”.

El rey aceptó esta propuesta, y habiendo hecho los arreglos para la administración del reino en su ausencia, se preparó para salir con el sadhu. Dejando atrás la ciudad de Madurai, ellos viajaron en dirección noreste. En la tarde, mientras estaban descansando del calor del sol, Rama Misra empezó a cantar los versos del Bhagavad-gita.

Hacía muchos años que Yamunacarya había leído y estudiado esta gran obra escrita, y mientras había gobernado como un rey, las sublimes enseñanzas del Bhagavad-gita se habían alejado de su corazón. Pero ahora, conforme escuchaba la dulce voz de Rama Misra quien recitaba las palabras de Sri Krishna, empezó a comprender la naturaleza ilusoria de su posición como rey y veía cómo estaba siendo negligente con el verdadero objetivo de la vida. Cuando Rama Misra había terminado de cantar todos los 18 capítulos, Yamunacarya cayó a sus pies y rogó “por favor, acéptame como tu sirviente, para que así pueda ser capaz de saborear continuamente el dulce néctar de las palabras de Sri Krisna; ahora, a medida que escuchaba de ti, todos los placeres de mi vida mundana me parecieron pálidos e insignificantes”.

Así pues, Rama Misra sonrió y dijo, “si tienes algo de tiempo, entonces, ¿por qué no permaneces aquí por unos pocos días y estudias el Gita conmigo?”.

Ahora que se había despertado de nuevo el verdadero interés de la vida en el corazón del rey, su afecto, en los asuntos materiales, disminuyó. “Cualquier deber que pueda tener en este mundo, no es tan importante, como entender el verdadero significado del Bhagavad-gita”.

Ambos permanecieron en ese lugar solitario por casi una semana, y cada día Rama Misra le hablaba sobre las sublimes enseñanzas del Gita. Mientras tanto, Yamunacarya escuchaba con extasiada atención. Con cada palabra que el sadhu hablaba, el apego del rey por su opulencia material, disminuía. Esto es natural, porque una vez que uno se vuelve verdaderamente consciente de la gloria y dulzura del Señor Supremo, Sri Krishna; los placeres de este mundo parecen indignos. Cuando Rama Misra llegó al verso 8 del capítulo 12, cantó con una voz ahogada y con lágrimas en los ojos:

mayy eva mana ādhatsva / mayi buddhiṁ niveśaya
nivasiṣyasi mayy eva / ata ūrdhvaṁ na saṁśayaḥ

“Tan solo fija la mente en Mí, la Suprema Personalidad de Dios, y ocupa toda tu inteligencia en Mí. Así, siempre vivirás conmigo, sin ninguna duda”.

Cuando escuchó este maravilloso verso, Yamunacarya estaba lleno de remordimiento y gritó, “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! Todos estos años he desperdiciado mi vida, con mi mente y mi inteligencia absortas solamente en pensamientos de lujuria y riqueza. ¿Cuándo llegará el día que sea capaz de remover esas cosas inútiles de mi corazón y fijar mi mente completamente en los pies de loto de Sri Krishna?”.

Al oír este sentimiento puro, Rama Misra consoló al rey, diciendo “Su majestad, tu mente pura siempre descansa en los pies de loto del Señor y sólo por un corto tiempo ha sido cautivada por los deseos mundanos; así como una pequeña nube oscurece los rayos del sol por un corto tiempo, ahora esta nube ya se ha ido y el sol brillará de nuevo y disipará la oscuridad de tu corazón”.

En ese momento, Alabandar decidió que no quería saber nada más de la vida material, así que le dijo, “Ahora, todo lo que quiero es ser tu discípulo, por lo tanto, no tengo necesidad de la riqueza dejada por mi abuelo”.

“Pero le di mi palabra a Nathamuni” replicó Rama Misra, “y por eso, te debo otorgar el tesoro y poder conservar mi voto, intacto”. “Ahora continuemos nuestro viaje juntos”.

Después de viajar por 4 días, ellos llegaron a las orillas del río Kaveri y al siguiente día cruzaron hacia la isla sobre la cual se yergue el sagrado templo de Sri Ranganatha. Rama Misra condujo a Ramunacarya a través de las seis puertas exteriores, hasta que estaban parados delante de las puertas del cuarto del templo mismo. Luego Rama Misra dijo, “Frente a nosotros, reposando sobre la cama de Ananta Sesa, está el tesoro que fue propiedad únicamente de tu abuelo. Es Sri Ranganatha, el Señor de Laksmidevi, la más hermosa de todas las personalidades”.

Al escuchar estas palabras, Yamunacarya corrió hacia adelante y cayó inconsciente a los pies de la Deidad. Desde ese día, él no tuvo deseo de reasumir su posición de la realeza. Tomó iniciación de Rama Misra y pasó el resto de sus días totalmente absorto en el servicio a Sri Raganatha. Parte de su reino fue devuelto a los Reyes Pandya y una parte del mismo lo donó para el servicio del Señor Ranganatha. Él recibió de su guru, el mantra de ocho sílabas -om namo Narayana- y por cantar este mantra, él alcanzó la plataforma más elevada de devoción amorosa al Señor.

Por orden de Rama Misra, Yamunacarya aprendió el arte del yoga místico y la meditación de labios de Sri Kurakanatha, quien había sido instruido en esta ciencia por Nathamuni mismo.

Después de la desaparición de su guru, Alabandar fue aceptado como la cabeza de la comunidad Vaisnava. Mientras era el acarya de la comunidad en Sri Rangam, escribió 4 libros de filosofía Vaisnava que contienen oraciones de glorificación al Señor Supremo. En particular, él estuvo consagrado a los escritos de su ancestro Nammalvara, los cuales recitó constantemente y enseñó a todos sus discípulos. Todos los devotos en el sur de la India, amaron a Yamunacarya, por su renunciación, enseñanzas, humildad y devoción estable.

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