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“¿Realmente tenemos libre albedrío?”

Nosotros no queremos hacernos viejos o experimentar enfermedad. No queremos luchar tanto, simplemente para permanecer vivos. Así que ¿dónde está el libre albedrío?” Existe libre albedrío en tanto que usted es libre de hacer cualquier elección a su gusto, por lo menos dentro de los limites descritos.

Éstas elecciones, sin embargo, traen consecuencias con ellas. Digamos que va a un restaurante a comer. Mira el menú y pide un tipo particular de sopa. El camarero le trae la sopa. Cuando la prueba, no le gusta, y comienza a quejarse. El hecho, sin embargo, es que usted la ordenó. Puede que no haya considerado totalmente la combinación de los ingredientes o la calidad del cocinero, pero fue lo que ordenó y fue precisamente lo que obtuvo. Esa es la naturaleza del libre albedrío. Tenemos toda la capacidad de hacer una selección; podemos oprimir cualquier botón que nos plazca. Sin embargo, cuando oprimimos un botón, tenemos que tomar la responsabilidad de lo que suceda. La reacción está predestinada, pero está activada por nuestra elección.

Así, tanto el libre albedrío y la predestinación son realidades. Somos responsables por cada situación en la que nos encontremos. La conclusión es algo difícil de aceptar, especialmente en la cultura moderna de hoy en día, la cual nos ha enseñado a encontrar a alguien o algo a quien culpar cuando las cosas no van bien. Si los individuos sufren de cáncer, hay conflictos en la familia, demandas, o cualquier otro problema importante, ellos realmente lo han traído a sí mismos. Veamos a la enfermedad. Incluso la medicina moderna acepta que algunas enfermedades son psicosomáticas. La mente puede y afecta al cuerpo; afecta a todas las cosas. Lo sutil afecta lo burdo y lo burdo influencia lo sutil.

Las situaciones en las que nos encontramos son arregladas por agentes divinos, para permitirnos cansarnos de tratar de manipular la energía material. Debido a que no apreciamos adecuadamente la belleza de nuestra relación con el Señor, a la humanidad se le da una arena temporal en la cual ejecutar estos deseos. Este ambiente está diseñado para frustrarnos, repugnarnos, y desilusionarnos, para hacernos más contemplativos e introspectivos. Finalmente esto sucede para alejarnos del mundo temporal en favor de aquel que es eterno. Esto ha sido arreglado, para que finalmente nos demos cuenta de que nuestra felicidad no yace en inmiscuirnos con la energía material, sino en servir al Señor incondicionalmente, y así llegar a ser completos nuevamente.

La vida es un juego en la que estamos destinados a restablecer nuestra verdadera identidad. Desafortunadamente, jugamos frecuentemente de acuerdo a nuestras propias reglas, como niños que inventan cosas mientras van por la vida. Los niños a veces juegan en las calles. Aunque es peligroso, tienen un gran atractivo por hacerlo. Por actuar de acuerdo a este deseo, ellos se ponen a sí mismos en una situación muy precaria. Como los niños, nosotros necesitamos aprender la importancia de tomar la responsabilidad de nuestro libre albedrío y la importancia de usarlo sabiamente. A menos que lo hagamos, nunca seremos capaces de reciprocar adecuadamente en las relaciones amorosas.

El libre albedrío es crítico en una relación amorosa, ya que no puede haber amor sin la oportunidad de oponer ese amor. No puede haber aprecio sin la oportunidad de expresarlo mediante la elección. Si nosotros estamos hechos a la imagen de la divinidad, entonces así como Dios tiene libre albedrío, nosotros también debemos tenerlo. La dificultad proviene de nuestra incapacidad de comprender, o de aceptar, que no es benéfico tratar del usar nuestro libre albedrío separados de Dios. Esto es porque nosotros somos partes y porciones de Dios, un fragmento minúsculo de la totalidad, pero nosotros no somos la totalidad completa. Como partes de la totalidad, nuestra función es servir a la totalidad. La totalidad ciertamente no esta hecha para servir a la parte. Por ejemplo, imagine que su estómago tratara de comer por sí solo y decirle a su boca, “estoy cansado de que tu siempre tomas primero el alimento. Pienso que yo debería tomarlo primero.” Esto sería imposible. Una parte no puede funcionar adecuadamente separada de la totalidad. Este es el orden natural del universo.

Mientras comprendamos más y más cómo somos responsables de lo que experimentamos, entonces podremos hacer arreglos para experimentar lo que es más auspicioso, y seremos capaces de tener acceso a las cosas que realmente necesitamos. Es importante enfocarnos más en lo que necesitamos que en lo que queremos, porque mucho de lo que queremos complica nuestras vidas innecesariamente. La respuesta está en acercarnos a la divinidad en la modalidad de: “Que se haga tu voluntad. Úsame para tus propósitos.” Un sentimiento incluso más elevado que este es pedirle a Dios que nos quite nuestro libre albedrío, para que ni siquiera lo podamos ejercitar. Entonces estaremos totalmente disponibles para el servicio del Señor.

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